
Ni planta ni animal: qué es un hongo funcional
Publicado el 13 de octubre de 2026 · Cada cifra lleva su fuente al final del capítulo.
Empecemos por un dato que descoloca a casi todo el mundo.
Si tuvieras que dibujar el árbol de la vida, la intuición pondría a los hongos junto a las plantas. Están quietos, salen de la tierra, se recogen.
Pero la biología molecular dice otra cosa: los hongos y los animales somos grupos hermanos, y las plantas se separaron antes. Compartimos con ellos un linaje llamado Opisthokonta 1. Y compartimos un material: la quitina, con la que un cangrejo fabrica su caparazón, es la misma con la que un hongo construye su pared celular.
No es una curiosidad de sobremesa. Un hongo no hace fotosíntesis: come, digiere y absorbe, igual que nosotros, solo que al revés — suelta las enzimas fuera del cuerpo y absorbe el resultado. Su química se parece a la nuestra más de lo que solemos suponer, y quizá por eso nuestro cuerpo ha aprendido a «conversar» con ella.
Entonces, ¿qué es un «hongo funcional»?
Un hongo funcional es una especie comestible o medicinal que, además de alimentar, contiene compuestos con actividad biológica que la ciencia estudia. El nombre es moderno; la idea, antiquísima.
El grupo que hoy reúne más interés incluye la melena de león, el cordyceps, el reishi, la cola de pavo, el chaga, el maitake y la tremella — los siete de esta ruta — y otros como el shiitake.
Lo que casi todos comparten es una familia de moléculas: los β-glucanos, las fibras que forman la pared celular del hongo. Y aquí la biología se pone muy interesante.
En 2001 se describió un receptor en nuestras células inmunitarias llamado dectin-1. Está en macrófagos, células dendríticas y neutrófilos, y su trabajo es reconocer β-glucanos 2, 3. Cuando los encuentra, dispara una cascada de señales que activa respuestas inmunes.
Piénsalo como una cerradura que el cuerpo lleva puesta y que encaja con una llave fúngica: durante millones de años, encontrar un β-glucano significó «hay un hongo aquí» y el sistema inmune aprendió a responder.
Esa cerradura es el fundamento biológico de la conversación entre hongos e inmunidad. Es un mecanismo sólido y bien caracterizado, y la investigación sobre hongos comestibles y β-glucanos ha crecido enormemente alrededor de él 4.
Una relación de miles de años
Mucho antes de que existieran los microscopios, las personas ya habían elegido estos hongos.
Ötzi, el hombre de los hielos que murió en los Alpes hace unos 5.300 años, llevaba entre sus pertenencias trozos de un hongo de abedul ensartados en una tira de cuero. Los hongos nos acompañan desde muy lejos.
En la medicina tradicional china, el reishi —lingzhi— ocupa un lugar de honor desde los textos clásicos de materia médica, entre las sustancias «superiores» que se toman para nutrir la vitalidad y alargar la vida. Allí también se usan la cola de pavo y la tremella, esta última apreciada en la corte imperial como alimento de belleza.
En la tradición tibetana, el cordyceps —yartsa gunbu, «hierba de verano, gusano de invierno»— se recolecta en las praderas de alta montaña y se toma para la fuerza y la resistencia.
En Japón, el maitake es el «hongo que danza», porque, se dice, quien lo encontraba en el bosque bailaba de alegría. Y la melena de león, yamabushitake, lleva el nombre de los monjes ascetas de las montañas.
En Siberia y el norte de Rusia, el chaga se hierve desde hace siglos como té cotidiano en los bosques de abedul.
Cada uno de estos usos es el resultado de generaciones de observación. Y cada uno es, también, una pista que la ciencia moderna ha querido seguir.

De la tradición a la ciencia
Esta es la herramienta que te va a acompañar en toda la ruta: el camino que recorre un hongo desde el uso milenario hasta el laboratorio y los estudios en personas. Cada etapa aporta algo distinto, y todas suman.
La tradición. Siglos de uso nos dicen qué hongos eligieron las culturas, cómo los preparaban y para qué. Es el punto de partida: casi toda la investigación moderna sobre hongos empezó preguntándose por qué una tradición valoraba tanto una especie.
El laboratorio. Los investigadores aíslan los compuestos —β-glucanos, triterpenos, erinacinas, cordicepina— y observan qué hacen en células. Aquí se descubre el cómo: qué molécula actúa, sobre qué receptor, con qué señal. Es la etapa en la que se identificaron, por ejemplo, los compuestos de la melena de león que se estudian en relación con el factor de crecimiento nervioso.
Los modelos animales. El siguiente paso es ver qué ocurre en un organismo completo, con digestión, hígado y circulación. Estos estudios muestran qué compuestos llegan a dónde y orientan el diseño de los estudios en personas.
Las personas. Finalmente, ensayos con voluntarios, muchas veces repartidos al azar y comparados con placebo. Es la etapa que muestra cómo se traduce todo lo anterior en la vida real.
En cada capítulo te contaremos en qué etapas está cada hongo y qué encontró cada una. Algunos, como la cola de pavo, han llegado muy lejos: de ella se obtuvo el PSK (Krestin), un preparado que se usó en el ámbito médico en Japón durante cuarenta años, de 1977 a 2017 5. Otros están viviendo ahora mismo el paso del laboratorio a las personas, que es uno de los momentos más emocionantes de cualquier investigación.
Lo que esta ruta va a hacer
Nueve capítulos: uno por hongo en el centro, y dos transversales en los extremos.
Contamos la historia natural de cada especie —dónde vive, de qué se alimenta, por qué es rara o fácil de cultivar—, su lugar en las tradiciones que la honraron, su química y lo que la ciencia ha encontrado al estudiarla, en el laboratorio y en personas.
Al final, en el capítulo 9, te damos las claves para leer una etiqueta y elegir bien: especie exacta, parte del hongo, tipo de extracción y contenido de β-glucanos.
Alquimia Fungi trabaja con varios de estos hongos, y por eso nos importa que los conozcas a fondo: cuanto mejor entiendas de dónde vienen y qué se sabe de ellos, mejor vas a poder elegir.
Ten en cuenta
Los hongos funcionales se toman como complemento de una alimentación balanceada. Si estás en embarazo o lactancia, tomas medicamentos de forma continua o vas a tener una cirugía, consulta con tu médico antes de incluirlos en tu rutina.
¿Mito o realidad?
Pon a prueba lo que acabas de leer.
«Nuestro sistema inmune tiene un receptor específico para reconocer los β-glucanos de los hongos.»
«Los hongos son parientes más cercanos de los animales que de las plantas.»
Referencias
- Torruella G, de Mendoza A, Grau-Bové X, et al. Phylogenomics reveals convergent evolution of lifestyles in close relatives of animals and fungi. Current Biology. 2015;25(18):2404-2410. https://doi.org/10.1016/j.cub.2015.07.053
- Brown GD, Gordon S. Immune recognition: a new receptor for β-glucans. Nature. 2001;413:36-37. https://doi.org/10.1038/35092620
- Herre J, Gordon S, Brown GD. Dectin-1 and its role in the recognition of β-glucans by macrophages. Molecular Immunology. 2004;40(12):869-876. https://doi.org/10.1016/j.molimm.2003.10.007
- Cerletti C, Esposito S, Iacoviello L. Edible mushrooms and beta-glucans: impact on human health. Nutrients. 2021;13(7):2195. https://doi.org/10.3390/nu13072195
- Kureha Corporation. Aviso a la Bolsa de Tokio sobre el fin de la fabricación y venta de Krestin (PSK), 17 de marzo de 2017. https://www2.jpx.co.jp/disc/40230/140120170317421615.pdf
Sobre los suplementos de hongos:
Este producto no sirve para el diagnóstico, tratamiento, cura o prevención de alguna enfermedad y no suple una alimentación equilibrada (Decreto 3249 de 2006, art. 21).
Contenido educativo; no constituye consejo médico. Consulta a tu médico antes de consumir estos productos, especialmente en embarazo, lactancia, enfermedad o tratamiento farmacológico.
Conflicto de interés: Alquimia Fungi comercializa productos con varios de los hongos de esta ruta. Por eso nos importa que los conozcas a fondo, con su tradición y sus fuentes.